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Incidentes con vehículos eléctricos en aparcamientos subterráneos comunitarios

La presencia de vehículos eléctricos en aparcamientos comunitarios es cada vez más habitual. En principio, no debe tratarse como una amenaza extraordinaria ni como un motivo automático para prohibir su estacionamiento. Los estudios y guías técnicas consultadas coinciden en una idea importante. Los incendios de vehículos eléctricos son poco frecuentes en comparación con el volumen total de vehículos en circulación, pero cuando se producen en espacios cerrados presentan problemas distintos a los de un vehículo de combustión. El riesgo principal no es solo que arda un coche, sino que el incendio se produzca en un aparcamiento subterráneo, con ventilación limitada, presencia de otros vehículos, instalaciones comunes, trasteros próximos en algunos edificios y dificultades de acceso para los servicios de bomberos.

1. Naturaleza del riesgo en vehículos eléctricos

El elemento que diferencia a un vehículo eléctrico es la batería de ion-litio. Estas baterías almacenan una gran cantidad de energía y pueden entrar en un proceso conocido como fuga térmica. Este fenómeno se produce cuando una o varias celdas alcanzan temperaturas elevadas y provocan una reacción en cadena dentro del paquete de baterías. Puede originarse por defectos internos, daños mecánicos, sobrecarga, fallos eléctricos, exposición previa a calor, golpes o manipulaciones incorrectas. Una vez iniciado el proceso, el fuego puede mantenerse aunque se haya cortado la alimentación exterior, porque la energía está dentro de la propia batería.

Esto no significa que un vehículo eléctrico arda con facilidad. De hecho, varias guías técnicas insisten en que la percepción pública suele exagerar la frecuencia real de estos incendios. La diferencia está en la gestión del incidente. Un turismo de combustión puede arder con gran violencia por los combustibles líquidos, los plásticos, los neumáticos y los materiales interiores. Un eléctrico comparte muchos de esos combustibles ordinarios, pero añade el problema de una batería de alta tensión que puede liberar gases inflamables y tóxicos, generar reigniciones y exigir una vigilancia posterior más larga.

2. Incendio en aparcamiento subterráneo

Un aparcamiento subterráneo comunitario es un entorno complicado para cualquier incendio de vehículo. La acumulación de humo, la menor disipación térmica, la existencia de pilares, rampas, plazas estrechas y techos bajos dificultan la intervención. Además, muchos aparcamientos antiguos no fueron diseñados pensando en vehículos actuales, que tienen mayor carga de materiales plásticos, componentes electrónicos, neumáticos más grandes y, en algunos casos, baterías de gran capacidad. La NFPA y la Fire Protection Research Foundation han señalado que los vehículos modernos, eléctricos o no, han cambiado la carga de fuego existente en garajes y aparcamientos.

En un incendio de vehículo eléctrico aparcado, el fuego puede comenzar en la zona de batería, en el sistema de carga, en una instalación eléctrica defectuosa o en componentes ajenos a la batería, como el habitáculo o el cableado. Si el vehículo está conectado a un punto de recarga, el primer paso técnico es cortar la alimentación del cargador y de la línea correspondiente, siempre por personal autorizado o por los servicios de emergencia. Aun así, el corte de corriente no elimina la energía almacenada en la batería del coche. Este punto es importante para comunidades de propietarios, porque a veces se piensa que basta con desconectar el cargador para eliminar el riesgo.

3. Propagación a otros vehículos

El principal daño para el resto de propietarios no tiene por qué venir solo del vehículo eléctrico afectado. En un aparcamiento comunitario, los vehículos están separados por distancias reducidas. El calor radiante, las llamas, los neumáticos, los paragolpes, los plásticos interiores y el humo caliente pueden afectar rápidamente a los coches estacionados a ambos lados. En un escenario desfavorable, el primer vehículo actúa como foco inicial y los demás aportan nueva carga combustible, generando un incendio de mayor entidad.

La guía europea sobre seguridad contra incendios en aparcamientos con vehículos eléctricos recomienda medidas orientadas a limitar la propagación, como protección automática contra incendios, ventilación, separación adecuada, ubicación razonable de puntos de recarga y planificación previa de la intervención. Estas medidas no se plantean porque todos los vehículos eléctricos sean peligrosos, sino porque el aparcamiento subterráneo es un espacio donde un solo incidente puede afectar a muchos bienes comunes y privados.

Un caso que tuvo bastante repercusión fue el incendio de un Mercedes eléctrico en un aparcamiento subterráneo de Incheon, Corea del Sur, en agosto de 2024. Según Reuters, el incidente causó daños importantes, afectó a numerosos vehículos y provocó preocupación pública hasta el punto de que Corea del Sur estudió exigir a los fabricantes mayor información sobre las baterías utilizadas. Este tipo de sucesos no debe usarse para crear alarma general, pero sí sirve para mostrar que un incendio en planta subterránea puede tener consecuencias muy superiores al valor del vehículo que inicia el fuego.

4. Toxicidad de los humos y gases

Uno de los aspectos más delicados es la toxicidad. En cualquier incendio de vehículo se generan gases peligrosos por la combustión de plásticos, espumas, cableado, tapicerías, neumáticos y líquidos. En los vehículos eléctricos, además, la batería puede liberar gases específicos durante la fuga térmica. Las guías técnicas de CFPA Europe advierten que los gases producidos por la fuga térmica de baterías de ion-litio deben considerarse tóxicos e inflamables. En espacios cerrados, si esos gases se acumulan sin inflamarse, también puede aparecer riesgo de deflagración.

Los estudios del instituto sueco RISE y trabajos publicados sobre gases tóxicos en incendios de vehículos eléctricos han analizado la emisión de sustancias peligrosas durante incendios de baterías y vehículos completos. Entre las preocupaciones habituales figuran el fluoruro de hidrógeno, otros compuestos fluorados, monóxido de carbono, partículas finas y gases irritantes. El riesgo real para los vecinos dependerá de la ventilación, la duración del incendio, la proximidad de portales, escaleras, ascensores, cuartos técnicos y viviendas, así como de la rapidez con la que se evacúe y se controle el humo.

En una comunidad de propietarios, este punto tiene una consecuencia práctica clara. Ante humo procedente del garaje, no conviene bajar a comprobar qué ocurre, mover el vehículo propio ni intentar retirar objetos. El humo de un incendio de baterías o de un vehículo moderno puede ser incapacitante en muy poco tiempo. La actuación correcta es avisar al 112, cerrar puertas para limitar el paso de humo, no usar ascensores si existe sospecha de incendio y seguir las indicaciones de bomberos.

5. Dificultad de extinción y reignición

Los incendios de vehículos eléctricos pueden requerir más tiempo de intervención y mayor vigilancia posterior. La batería puede quedar parcialmente dañada y conservar energía residual. Por ese motivo, los servicios de bomberos suelen hablar de riesgo de reignición. La NFPA y la Fire Protection Research Foundation han tratado este problema como una de las cuestiones principales en los incidentes con baterías de ion-litio, especialmente por la energía remanente tras el incendio.

En un aparcamiento subterráneo, la dificultad se multiplica. No siempre es posible acceder con facilidad a los bajos del vehículo, aplicar grandes cantidades de agua en la zona adecuada o retirar el coche quemado con rapidez. Las grúas pueden tener problemas de acceso por altura, pendiente o giro. Además, después de extinguir las llamas visibles, el vehículo puede seguir siendo un riesgo por temperatura interna, gases residuales o posibles nuevas reacciones en la batería.

Por este motivo, algunas guías recomiendan que los aparcamientos con infraestructura de recarga tengan planes de intervención previos, señalización clara de los puntos de corte, información sobre ubicación de cargadores, sistemas de ventilación operativos y medidas de detección temprana. También se recomienda que la instalación eléctrica de recarga se revise y mantenga correctamente, ya que muchos incidentes pueden estar relacionados con malas instalaciones, sobrecargas o equipos no adecuados.

6. Instalación de cargadores en garajes comunitarios

En España, la infraestructura de recarga de vehículos eléctricos se regula técnicamente por la ITC BT 52 del Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión. Esta instrucción establece esquemas de instalación, condiciones técnicas y requisitos para puntos de recarga en aparcamientos, incluidos los colectivos interiores o vinculados a edificios. La guía técnica de aplicación de la ITC BT 52 contempla expresamente instalaciones en aparcamientos colectivos interiores y edificios en régimen comunitario.

Desde el punto de vista comunitario, la cuestión no debería plantearse como una oposición genérica al vehículo eléctrico, sino como una exigencia de orden, documentación y seguridad. La comunidad debe pedir que cada instalación esté realizada por instalador autorizado, con memoria técnica o proyecto cuando corresponda, protecciones adecuadas, circuito identificado, punto de corte accesible y comunicación previa conforme a la normativa aplicable. La instalación improvisada, el uso de alargadores, enchufes domésticos no preparados o derivaciones sin protección sí supone un riesgo inadmisible en un garaje comunitario.

En Cataluña existe además la ITC SP 147 de 2024, centrada en condiciones de seguridad en caso de incendio en aparcamientos con infraestructura de recarga de vehículos eléctricos. Esta instrucción limita determinadas ubicaciones para estaciones de recarga según potencia y planta del aparcamiento, exige el cumplimiento de la ITC BT 52 y contempla medidas de seguridad contra incendios. Aunque su aplicación territorial sea catalana, resulta útil como referencia técnica para entender hacia dónde se dirige la prevención en aparcamientos con recarga eléctrica.

7. Medidas preventivas recomendables para comunidades

La primera medida es disponer de un registro actualizado de puntos de recarga instalados en el garaje. No hace falta convertirlo en una carga burocrática excesiva, pero la comunidad debe saber cuántos cargadores existen, dónde están, qué potencia tienen, qué empresa los instaló, dónde se corta la alimentación y quién es el titular responsable. Esta información puede ser muy útil para bomberos en caso de emergencia.

La segunda medida es revisar la ventilación del aparcamiento. Un garaje subterráneo con ventilación deficiente tendrá peor comportamiento ante cualquier incendio. La ventilación ayuda a controlar humo y gases, facilita la evacuación y mejora las condiciones de intervención. Las guías sobre aparcamientos con vehículos eléctricos destacan la importancia de sistemas de ventilación mecánica capaces de evacuar humo y gases tóxicos.

La tercera medida es valorar sistemas de detección temprana. En garajes antiguos puede que solo exista alumbrado, extintores y señalización básica. En aparcamientos con varios puntos de recarga, especialmente si son subterráneos y de cierta dimensión, puede resultar razonable estudiar detectores, pulsadores de alarma, señal acústica, cámaras orientadas a zonas de recarga y comunicación clara con el cuarto de contadores o el cuadro eléctrico correspondiente.

La cuarta medida es ubicar los puntos de recarga con criterio. Siempre que sea posible, conviene evitar concentraciones excesivas de vehículos eléctricos en zonas profundas, sin ventilación suficiente o alejadas de rampas y accesos de intervención. La guía presentada en València en colaboración con técnicos de bomberos y Fundación Mapfre recomendó, entre otras medidas, ubicar los puntos de carga lejos de salidas de evacuación, limitar concentraciones y mejorar detección y alarmas en garajes privados.

La quinta medida es prohibir prácticas peligrosas. No deben permitirse cargas mediante alargadores, bases múltiples, enchufes manipulados, cables atravesando zonas de paso, equipos sin marcado adecuado ni instalaciones realizadas sin profesional autorizado. La mayoría de comunidades no pueden impedir de forma general la movilidad eléctrica, pero sí pueden exigir que las instalaciones sean legales, seguras y documentadas.

8. Actuación ante un incidente

Si se detecta olor extraño, humo, chisporroteo, ruido anormal de batería, fuga de vapor o calentamiento visible en un vehículo eléctrico, la comunidad debe actuar con rapidez y prudencia. Lo correcto es avisar al 112, indicar que puede tratarse de un vehículo eléctrico o híbrido enchufable, informar de la planta del garaje, número de plaza, existencia de punto de recarga y posibles accesos. Si existe un corte general identificado para el cargador y puede accionarse sin exponerse al humo ni al calor, puede ser útil desconectar la alimentación del punto de recarga. No debe intentarse abrir el vehículo, manipular la batería ni apagar el incendio con medios manuales si ya hay humo intenso o llamas.

Los extintores portátiles pueden servir para fuegos incipientes en cableado, cargador o elementos exteriores, pero no son una solución suficiente frente a una batería en fuga térmica. Además, bajar al garaje sin protección respiratoria puede ser muy peligroso. La prioridad debe ser evacuar, confinar el humo cerrando puertas, avisar a vecinos vulnerables y facilitar el acceso de bomberos.

9. Conclusión

Los vehículos eléctricos no deben verse como una amenaza descontrolada en los garajes comunitarios, pero tampoco como un elemento neutro que no exige ninguna adaptación. El incendio de un vehículo eléctrico es poco frecuente, aunque en un aparcamiento subterráneo puede generar consecuencias importantes por la combinación de batería de alta tensión, humo tóxico, gases inflamables, dificultad de acceso, propagación a vehículos próximos y posible reignición. La respuesta adecuada no es prohibir sin más, sino ordenar la instalación de cargadores, exigir documentación técnica, revisar ventilación, mejorar detección, mantener libres los accesos, señalizar puntos de corte y disponer de instrucciones básicas para los vecinos.

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